
Al sobrevolar la Patagonia se entiende el significado de desierto austral. Un organismo de tierra amarilla, seca, cruzado por arterias de agua que provienen de las heladas cumbres de la cordillera. Se aterriza en medio de la nada y uno se pregunta dónde queda ese Bariloche de postal con lagos y pinos. El aeropuerto está a unos 15 minutos de
San Carlos de Bariloche, la principal ciudad turística de la provincia de Río Negro. Al llegar allí, el entorno y la vegetación cambian radicalmente para convertirse, ahora sí, en un paraje idílico. El invierno se presiente pero todavía no se ha instalado. Los ocres del otoño tiñen los bosques. Algunos agradecemos que todavía no sea temporada de esquí y se pueda disfrutar de la benevolencia del clima. Aquí se viene a enamorarse del paisaje, a escuchar atentamente el silencio.
Naturaleza envolvente El viaje continúa atravesando el
parque Nahuel Huapi y bordeando el lago del mismo nombre. Hoy está en calma pero en un día de tormenta sus olas pueden llegar a medir dos metros. Sus playas de piedras están desoladas pero en verano hay quienes se atreven a darse al menos un chapuzón en sus aguas que nunca se calientan demasiado. Sobre una colina, en medio de los lagos Nahuel Huapi y Moreno, detrás del cerro López y custodiado por el blanco pico Tronador está el
hotel Llao Llao. Su diseño de lodge de montaña, en piedra y madera, se imbrica de manera tal que parece otro monumento natural. Ha vivido diferentes etapas desde su inauguración en 1938. Un incendio lo redujo a cenizas apenas a un año de haberse construido. Renació cual ave fénix, para décadas después, caer en el abandono. Reabrió con renovado glamour en 1993 y en 2007 estrena la moderna ala Moreno con 43 nuevas habitaciones. Afuera, en sus jardines, el aire frío, pulcro y cortante pega en el rostro. La mirada permanece embebida en un calmo lago, sorteado por montañas de nieves perennes iluminadas por una luz naranja. Todo un espectáculo natural que inunda las retinas incapaces de desprenderse de esas imágenes y que la conciencia busca fijar para siempre en la memoria. El calor reconforta al entrar. La madera cruje con las pisadas y da una sensación de estar en casa, la exquisita decoración invita a deleitarse con el buen gusto, la vista insuperable de los lagos despierta al sosiego.
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